11 sept. 2009

La aurora de Nueva York

No me resisto a poner hoy este poema de Lorca que hace tiempo mi admirado Jaime Galbarro me hizo ver como casi una premonición.

La aurora de Nueva York

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible:
a veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

Federico García Lorca

3 comentarios:

(quién sabe cuándo mira por la escotilla y cuándo no...) dijo...

Qué bárbaro, Federico, como se nota que estuvo en NY y vió algo más que la estatua de la libertad. ¿Y qué pensarán los nuavoyorquinos de nuestro ilustre andaluz viajero?
Je

manolo g. dijo...

a saber, lo mismo ni se dieron cuenta de que estaba allí...

J. Galbarro dijo...

Lorca es, sin duda, uno de los grandes vates de la poesía española.