
En su conjunto, el libro se sustenta entre el aquí y el allí, lo cercano y lo lejano, la otredad y lo nuestro. Con muchos guiños a lo galáctico, lo interplanetario, y el universo, pero como algo propio y reconocible, en algunos casos. Esa confrontación enriquece y vivifica. Da igual que sea real-histórica (la perra Laika, Alfa Centauri o el Apolo XI) o basada en Star Wars.
Lo más destacable es esa línea de pensamiento que atraviesa el libro, con especial fuerza en los poemas que integran "Encuentros en la primera fase", que poseen una rotunda carga poética, y se plantea el recorrido por el resto del libro. Posiblemente los taninos de esos poemas sean una dosis fundamental para surcar el resto de "fases".
Si no me entienden del todo, la mejor recomendación es que se acerquen a las páginas de Princesa Leia, y se sumerjan en la propuesta de Begoña M. Rueda. Y como muestra, un nostromo:







